Unearthed  | Unit 1 Gallery. London

December 2020

Text by: José Tomás Fontecilla

 

Can one in full knowledge and sincerity come to sympathize with the global process of the universe to the point of accepting at heart the evil that seems inherent in its details? William James pondered at the end of the 19th century. Immersed in moral speculations, he wondered: Is the mind so fluid and plastic? More than a century later, this question is more present than ever, with the backdrop of a global system that proclaims efficiency, development, clarity, performance and rationality. Can our minds be so fluid and plastic to accept with good heart all the injustices, indolences, irrationalities and losses inherent to the system?

 

In a year marked by a world-wide pandemic Marco Bizzarri's Unearthed asks this question. Wounded, we have all gone through the melancholy of confinement, perhaps we do not remember a more shocking world event in these early years of the 21st century since the attack on the Twin Towers. Locked up in our houses, we have experienced the incoherence of the global system, its fracture.

 

This way, loss has become a crucial theme; from everyday things like going for a walk, the sun hitting your face, the crunch of leaves under your feet to previously unbearable routines that suddenly became essential. Eternal hours in a loop of months made the days seem like enactments by Piranesi; a crossroads of nonsense, confusion and misunderstanding. Faced with the splendor of progress, a dam awakens us, between panic and insomnia we feel the absence and transience of what we appreciate.

 

Thus, Marco Bizzarri's exhibition addresses a series of themes that are linked to the experience of loss. We are too busy in accumulating things and experiences, in conquering goals, we tend to forget about losses, often synonymous with failure, shame or frustration. However, nothing is more natural than loss, in it we get lost, we have irrational, angry latencies, we connect with something inexpressible, pre-rational, that only under a loving sway can we heal.

 

Losses are usually buried, kept in the bottom of a drawer to forget them, absorbed in a form of happiness that covers only the gain in an indifferent, unaffected crescendo. The Czar of happiness Richard Layard says: the best society is the happiest, thus, being sad automatically means being part of the worst of society. In this way, we disconnect ourselves from failures, unable - perhaps - to deal with grief.

 

Bizzarrí’s residency at Unit 1 Gallery undoubtedly triggered these reflections, similar to what James did over inherent evil. Surrounded by demonstrations of mourning, such as the memorial in the Grenfell Tower, a building damaged by fire where 72 people died -now covered by a canvas-, or the morgue contiguous to the gallery, Marco's initial project was mutating, all these experiences mobilized his own grief, stirring a previously blocked imaginary, unearthing experiences that, in the geographical context where the exhibition takes place, make sense to reconnect with something that the Tsar denies, pain.

 

I believe that yesterday I suffered a crisis in my life, wrote James in 1870 in his diary after reading Charles Renouvier, a crisis that became an awakening. I believe that yesterday we suffered a crisis in our lives, I would also say, a crisis that can only be mended with a tender hug that restores ties with what we lost, that rebuilds the tissues torn by the loss of a loved one, of a lover or an acquaintance, of what we value and will not come back. Unearthed, in that sense, stirrs sadness to reconcile us with a pulse that opposes any rational, enlightened or intelligible construction. Through a series of works, ranging from painting to installation, he recomposes an absence and alert to the evil that seems inherent in the global process, an evil that denatures losses and dissociates us from the emotional pulse.

Unearthed  | Unit 1 Gallery. Londres

Diciembre 2020

Texto por: José Tomás Fontecilla

¿Puede uno con pleno conocimiento y sinceridad llegar a simpatizar con el proceso global del universo hasta el punto de aceptar de corazón el mal que parece inherente en sus detalles?  Se preguntaba William James a finales del siglo XIX; sumido en elucubraciones morales se cuestionaba: ¿Es la mente tan fluida y plástica? Más de un siglo después la pregunta se hace más presente que nunca, frente a un sistema global que pregona por la eficiencia, el desarrollo, la claridad, el rendimiento y la racionalidad ¿Pueden ser nuestras mente tan fluidas y plásticas para aceptar de buen corazón todas las injusticias, indolencias, irracionalidades y pérdidas inherentes al sistema?

 

En un año marcado por una pandemia de nivel planetario, Unearthed de Marco Bizzarri se hace la pregunta. Heridos, todos hemos pasado por la melancolía del encierro, quizás no recordemos un acontecimiento mundial más estremecedor en estos pocos años de Siglo XXI desde el atentado a las Torres Gemelas. Encerrados en nuestras casas, hemos experimentado la incoherencia del sistema global, su fractura.

 

De esta forma, la pérdida de algo se ha vuelto un tema fundamental; desde cosas cotidianas como salir a caminar, el sol en la cara, el crujido de las hojas bajo los pies hasta rutinas antes insoportables que de pronto se volvieron imprescindibles. Horas eternas en un loop de meses hacían parecer los días representaciones de Piranesi; un entrecruce de sinsentidos, confusiones e incomprensión. Frente al esplendor del progreso, un dique nos espabila, entre el pánico y el insomnio sentimos la ausencia y la fugacidad de aquello que apreciamos.

 

Así, la exposición de Marco Bizzarri aborda una serie de temáticas que están ligadas a la experiencia de la pérdida; demasiado ocupados en la acumulación de cosas y experiencias, en la conquista de metas, solemos olvidarnos de las pérdidas, muchas veces sinónimo de fracaso, vergüenza o frustración. Sin embargo, nada más natural que la pérdida, en ella nos extraviamos, tenemos latencias irracionales, iracundas, nos conectamos con algo inexpresable, pre racional, que sólo bajo un influjo amoroso podemos sanar. 

 

Las pérdidas suelen enterrarse, guardarse en el fondo de un cajón para olvidarlas, abstraídos en una forma de felicidad que cobija sólo la ganancia en un in crescendo indiferente, desafectado. El Zar de la felicidad Richard Layard, dice: la mejor sociedad es la más feliz, así, estar triste, automáticamente significa ser parte de lo peor de la sociedad. De este modo, nos desconectamos de los fracasos, incapaces -quizás- de lidiar con el duelo. 

 

La residencia de Bizzarri en Unit 1 Gallery activó, sin duda, éstas reflexiones, similar a la que hacía James sobre el mal inherente. Rodeado de manifestaciones de duelo, como el memorial en la Grenfell Tower, edificio siniestrado por el fuego en donde murieron 72 personas -hoy cubierto por una lona-, o la morgue con que colinda la galería, el proyecto inicial de Marco fue mutando, todas estas experiencias movilizaron en él su propio duelo, removiendo un imaginario antes bloqueado, desenterrando experiencias, que en el contexto geográfico en donde ocurre la exposición, tienen sentido para reconectar con algo que el Zar niega, el dolor.

 

Creo que ayer sufrí una crisis en mi vida, escribió James en 1870 en su diario después de leer a Charles Renouvier, una crisis que devino despertar. Creo que ayer sufrimos una crisis en nuestras vidas, también diría yo, una crisis que sólo se puede remendar bajo un abrazo tierno que restablezca los lazos con aquello que perdimos, que reconstruya los tejidos rasgados por la pérdida de un ser querido, de uno amado o conocido, de aquello que valoramos y no va a volver. Unearthed, en ese sentido, remueve la tristeza para reconciliarnos con un pulso que se opone a cualquier construcción racional, iluminada o inteligible. Por medio de una serie de obras, que van desde la pintura a la instalación, recompone una ausencia y alerta sobre el mal que parece inherente al proceso global, un mal que desnaturaliza las pérdidas y nos disocia del pulso emocional.

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 M A R C O    B I Z Z A R R I