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i. Sentados a la mesa

Wood and iron table, mining waste, industrial paint.

Variable measures.

2017

ii. Enemigos Pasivos

Mining waste, wooden boxes, industrial paint.

Variable measurements.

2017

iii. Caminantes de otro lugar

Iron, wooden boxes, plastic truck cloth, rope, smoke flares.

Variable measures.

2017

P L A N   D E   C I E R R E  / 2 0 1 7 

Los Choros Town, Atacama Desert, Coquimbo Region. Chile

Curated by Paula Solimano

 

In order to raisa awareness about the impact of large industries on the environment, visual artist Marco Bizzarri is opening his show "Plan de cierre" in Los Choros town in the IV region of Coquimbo, vindicating the role of fine art in the political-economic scenario.

 

Composed by three large-scale installations and more than a thousand mining residues, "Plan de cierre" is the result of an on-site investigation of more than a year in which the artist learned about the environmental damage generated by the different industries in the area, particularly the mining industry.

 

This exhibition culminates the inaugural project of "Centro ARC", a new space for contemporary art which has a program of artistic residencies directed by Rosa Velasco and whose purpose is to decentralize artistic production and open debates about problems that afflict the less connected areas of Chile.

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Con el fin de generar conciencia en torno al impacto de las grandes industrias en el Medio Ambiente, el artista visual Marco Bizzarri inaugura su muestra "Plan de Cierre" en el pueblo

Los Choros en la IV región de Coquimbo, reivindicando el rol de las artes visuales en un escenario político-económico.

 

Compuesta por tres instalaciones a gran escala, y más de mil residuos mineros, "Plan de Cierre" es el resultado de una investigación in situ de más de un año, en donde el artista conoció la realidad del daño medioambiental generado por las diferentes industrias de la zona, principalmente la minera.

 

Esta muestra culmina el proyecto inaugural de "Centro ARC", un nuevo espacio para el arte contemporáneo que cuenta con un programa de residencias artísticas dirigido por Rosa Velasco y que tiene como propósito descentralizar la producción artística y abrir debates en torno a problemas que aquejan zonas menos conectadas de Chile.

PLAN DE CIERRE  

Textos por Paula Solimano

 

De flora y residuo

 

Ella se reclina y se apoya sobre una superficie espinada; lo abraza, al tiempo que recuerda que aquella muestra de afecto no hará otra cosa que sumarle nuevas heridas a la colección. Él, tímido y hostil, acepta su cariño. Si bien no lo pidió, disfruta de su compañía, ya que simplemente su presencia lo embellece y lo hace algo más atractivo. Flor roja, que coqueteas anónimamente a las hordas de paseantes, sabes perfectamente qué hacer para lograr someterlos, frenar los autos en la carretera y hacer que corran como idiotas a contemplar tu cínica y efectiva belleza.

 

Tristerix aphyllus, popularmente conocida como quintral, es una flor parásita que vive sobre un cactus nativo del norte de Chile llamado Quisco (Echinopsis chiloensis). Esta flor se hospeda en el cactus y se nutre de él, a pesar de elaborar su propia savia. En lugar de derechamente matarlo, lo debilita y lo deja vulnerable al codicioso virus de turno que intentará saquearlo nuevamente y, luego, abandonarlo.

 

Corre viento. La sábana que ligeramente cubre el suelo frígido del valle de Choros se levanta y se convierte en polvo. Polvo que sabe que para tener éxito en una acción militar se debe ser ágil, sigiloso y determinado. Se organiza, se esconde y sorprende rodeándonos, pero no ataca. Nos encontramos en medio de una masa gris, densa y granulosa, que megalómanamente ha ocupado todo el territorio que segundos atrás considerábamos nuestro. ‘Camina,’ me dice, ‘nadie te detiene,’ pero me ha despojado de dirección, distancia y detalles.

 

Cuando se concluye una faena, débase a un agotamiento del mineral o a cambios económicos, la empresa minera debe llevar a cabo lo que se llama un plan de cierre. Éste consiste en una serie de medidas que fueron diseñadas durante la vida de la operación, y que tienen como fin prevenir, minimizar y/o controlar los riesgos y efectos negativos que se presentan –o continúan presentándose- en la tierra y las personas. Resguardar la vida, salud y seguridad de los individuos y del medio ambiente; desmantelar estructuras e instalaciones en desuso; asegurar la estabilidad física y química de las faenas y sus relaves son solo algunos de los objetivos establecidos por la ley 20.511 del año 2011.

 

Más de novecientos residuos dejados atrás por diferentes proyectos mineros en el pueblo de Choros, IV región de Chile, fueron recogidos por Marco Bizzarri y sometidos a leyes severamente más estrictas que el azar, el abandono y la indiferencia que los regía hasta entonces. Durante un año, como parte de la residencia ARC (Artistas en Residencia en Choros), Bizzarri rastreó el terreno y tomó, clasificó y sometió estos objetos metálicos, cortantes, oxidados y cubiertos de polvo contaminante, a una nueva dictadura visual.

 

Testimonios de una industria que ve la tierra y el pueblo del norte chileno como recursos inagotables para la explotación y generación de riqueza, a estos restos huérfanos les otorga una nueva apariencia: sus superficies se vieron parcialmente cubiertas por planos de colores pasteles, fluorescentes, puros y brillantes, abriendo un diálogo con los aspectos formales que eran resultado del desuso y la exposición a un paso frío y distante del tiempo.

 

Nuestras miradas despistadas observan cerros de tierra; minutos después entendemos que son depósitos de desechos tóxicos. Respiramos aire polvoriento de Higueras, que venimos a entender que no es arena costera, sino resultado de procesos químicos de producción. La indiferencia pública se ha traducido en camuflaje, recreando sobre estos desechos los entornos en los que se buscan infiltrar.

 

Plan de cierre intenta levantar preguntas en torno a la visibilidad de las cosas. Por un lado, la apariencia que tienen para nosotros y la manera de conocer el mundo a través de las superficies; por otro, el modo en que esta visibilidad se relaciona con el poder: ¿quién determina lo que es visible y, por consecuencia, urgente? Pero en lugar de ser culposamente puritano, lo hace en el marco de un juego de superficies, abriendo un mundo de reflexiones cuya puerta de entrada es el mismo recurso que busca atacar.

 

El proyecto, emplazado en un terreno temerario de que su agua sea desposeída y devuelta en forma de sal –como una deuda condenatoria que nunca terminará de pagarse-, abre temas que sobrepasan los límites del pueblo de Choros, ya que éste, en lugar de ser una excepción dentro del sistema, es el sistema. Inconmensurables pueblos, localidades y comunidades han sido y son víctimas de un sistema que está diseñado para que el más rico y más fuerte siempre gane, en una batalla ficticia que pareciera triunfar todas las veces por walkover –los perdedores se enteraron muy tarde de que había que entrar a pelear.

Las operaciones y los materiales que componen la obra buscan tomar provecho de [para discutir sobre] la producción desenfrenada que prima en el mundo actual. Una producción que supera los límites de la industria minera, y que se extiende desde la alimenticia, de moda, tecnológica hasta el arte; todas parecieran regirse por la premisa de que ‘más es más es más’, lo cual deja como herencia tierras violadas, cerros de basura y sobreabundancia de materiales cuyos autores son anónimos. ¿Cómo utilizar estos restos que nadie quiere, para minar el mismo sistema que los parió?

 

Acercándose el final de la residencia, Bizzarri entra en la realización de que, sin saberlo, está siguiendo la costumbre que tienen los habitantes del pueblo de Choros. Comienza a observar que en las tumbas y mausoleos del cementerio, las personas pintan los mismos tarros metálicos desechados, y depositan flores en ellos, como prueba de su fidelidad y atención al difunto. Paradójicamente, este lugar ha diseñado su propio mecanismo para desafiar las nociones de lo vivo: el uso y la muerte en aquello que no se quiere abandonar, y de lo que la obra, evidentemente, no puede escapar. Un afán por reanudar el ciclo vital, dotar de sentido lo caducado y revisar lo que nos rodea, tanto lo nuestro como lo que otros han dejado sobre nuestra tierra.